El muñeco. 1a parte. Cap 4.



―¿Estás segura de que estarás bien?
―¡Claro que sí! Tonto. 
―Entonces nos vamos. Me llamas si necesitas algo ¿De acuerdo?
―Bien. ¿Cuándo se van a su luna de miel?
―Mañana, en la tarde.
Ese día era viernes.
―Ok. Bro. Pues entonces se la pasan bien. Yo le llamo a mamá y a papá para que sepan que estamos bien.
―Claro, la saludas de mi parte.
La tarde se notaba a través de las ventanas. El sol de las seis ya estaba por ocultarse tras los cerros. Carlos e Irene se despidieron de Mónica y la dejaron sola.
Ella se dirigió a la sala y se sentó en el sillón más grande. Tomó el teléfono y marcó el número de larga distancia hasta Monterrey, Nuevo León. Saludó a María, la señora que les ayudaba con la limpieza, y le pidió que la comunicara con su mamá.
―Mónica, cariño ¿Cómo estás? ―Saludó su mamá.
―Muy bien mami. Ya estoy en mi nuevo departamento.
―Ya era tiempo. Ya empiezan las clases este lunes. ¿Y qué tal?
―Se ve muy bien. Me gusta mucho, sobretodo porque por el momento la renta está súper baratísima.
―Que bien. ¿Y tu hermano ya se fue de vago?
―No, se van mañana.
Al rededor de las diez de la noche apagó la televisión y se dirigió a la cocina por un vaso de leche. Ignoró el montón de trastes que le dejaron su hermano y su cuñada y se dirigió a su habitación. Levantó las sábanas y la colcha morada que le había colocado y se deslizó. Acomodó las almohadas y se dispuso a beber su leche. La casa ahora parecía muy grande y, a pesar de todas las cosas que tenía, también lucía muy sola.
Al fondo alcanzaba a escuchar el pasar de los automóviles en el Periférico, escuchó cómo ladraba un perro o dos, el grito y las risas de unos niños que jugaban abajo en la calle, la música del vecino...
Terminó su leche y colocó el vaso sobre la mesita de noche. Abrió un libro que acababa de encontrar y comenzó por leer el primer párrafo.
Uno de sus vecinos era insistentemente ruidoso: Pasos apresurados, muebles siendo arrastrados, rasguños en las paredes... el tic–tac del reloj del buró... Las once de la noche. ¿Tan rápido son ya las once? Mónica apagó la lamparita y colocó su libro en la mesita, se acomodó en el medio de la cama matrimonial y cerró los ojos.
... Rasguños en las paredes... el tic–tac... Una mesa siendo arrastrada... Tic–tac... Más rasguños. ¿Será un perro? Mónica se acomodó de lado e intentó dormir de esa forma. 
... Rasguños en las paredes...
―¡Maldito perro! ¡Cállate ya! ―Gritó Mónica.
No más rasguños. Sólo un tic–tac.
Karina Soto © 2009

El muñeco. 1a parte. Cap 3.



Las clases comenzarían ya en dos días y mientras Mónica acomodaba su ropa, en la cajonera de la habitación principal, se recordaba a sí misma que no debía tener miedo ni encontrarse tan ansiosa. Su hermano y su cuñada le ayudaban a limpiar la casa aunque, por lo visto, no había mucho que hacer, el lugar se encontraba extrañamente impecable.
―Estaba platicando con la señora que vive en el piso de abajo (Mónica vivía ahora en el cuarto piso de cinco que tiene el edificio) y me dijo que antes se había quedado aquí una pareja joven que prefirió mejor vivir con sus padres ―Comentaba Irene, su cuñada, mientras barría la habitación de al lado― aunque nunca le dijeron el verdadero motivo por el cual se marcharan. Según ella así se fueron varios de los antiguos inquilinos.
―Espero que no sea por algo que me haga irme a mí también ―Respondió Mónica.
―Lo dudo mucho, este lugar es muy bonito. Me encanta la alfombra de la sala.
La forma en como estaba adornada cada habitación era con un gran esmero que resaltaba a la vista. Todo se encontraba muy bien combinado y en orden. Las paredes estaban pintadas todas de blanco, y los muebles eran de color caoba. Los sillones de la sala, bastante cómodos, tenían el color del chocolate con leche y los cojines, que parecían hechos a mano, combinaban perfectamente. Todo en esa casa parecía piezas de arte, desde las lámparas Tiffani hasta las pinturas excelentemente enmarcadas de Picasso, Da Vinci, Monet, van Gogh y Gauguin. Pero lo que más resaltaba eran los múltiples libreros repletos de libros viejos que desprendían sus propios aromas. Afortunadamente los padres de Mónica y Carlos tenían gustos similares por el arte y la música clásica que obviamente heredaron a sus hijos.
―¡Santo cielo! ―Gritó Mónica ante su descubrimiento.
―¡Qué pasó!
Y ambos adultos entraron corriendo en la habitación de Mónica.
―Hay de todo aquí.
Mónica les mostró tres cajas repletas de discos de acetato. Y había autores de música clásica variados. Mozart, Beethoven, Vivaldi... Y también música de los sesenta y setenta.
―¡Y ROCK!
La emoción que resaltaba en la cara de Mónica era bastante visible. Su expresión parecía la de una joven universitaria de escasos recursos económicos que acababa de encontrar un boleto de sorteo con el número ganador.
A Carlos también le gustaba esa música. Le había puesto los ojos encima a la caja que tenía su hermana en las manos.
―Es mío, es mi casa ―Gruñó ella, como un perro que custodia su huesito con poca carne.
―Pero no tienes donde reproducirlos.
―Si ese aparato sirve significa que me saqué la lotería.
―¿Quién pudo haber sido tan tonto como para dejar todo esto aquí? ―Comentó Irene, que comenzaba a darse cuenta del valor de las cosas de la casa. Ahora se imaginaba vendiendo todo aquello y siendo rica. Lástima que nada de allí era suyo ―¿Me regalas el jarrón de la mesa?
―A ver. Saca el tocadiscos ―Le dijo Carlos a Mónica, ignorando a su esposa.
El aparato se encontraba en el fondo de otra caja de cartón. Mónica debió dejar la caja que cargaba, lejos de su hermano, y tomó el tocadiscos. Sopló el polvo que lo cubría y lo revisó. Parecía en buen estado.
―Saca el LP de Dark Side of The Moon ―Le pidió su hermano.
―Con gusto.
Aquellos discos debían tratarse con sumo cuidado, de modo que, casi conteniendo la respiración, comenzó a sacar el disco negro y lo colocó en el tocadiscos. Enchufó el aparato y colocó la aguja para que se reprodujera la primera canción. Carlos movió un botón para que el disco comenzara a girar y después de algunos segundos y algunos tronidos escucharon el latir de un corazón, unas voces de fondo, un ruido metálico como de caja registradora, una risa y comenzó Speak To Me/Breathe. La voz de David Gilmour inundó sus sentidos. Ambos hermanos se sonrieron alegres.
Karina Soto © 2009

El muñeco. 1a parte. Cap 2.



El señor Pérez se acomodó al fondo de la sala mientras Mónica y Carlos veían el resto de la casa. Los tres guardaban silencio. Era cierto que el lugar no estaba tan mal. Los muebles estaban bien distribuidos... Eran el gusto de una viejecita pero no era tan malo, podrían hacerse algunas modificaciones y todo quedaría listo y personalizado. Mónica se acercó a una lámpara de mesa de vitrales que parecía una verdadera reliquia, era muy bonita y bastante llamativa.
―Es una lámpara Tiffani ―Comentó el señor Pérez. Y por la forma en que lo decía denotaba el buen gusto del ex propietario.
―Ah, sí. Una lámpara Tiffani... ―Dijo ella en voz alta, y después se volvió hacia su hermano y le preguntó con un murmullo ―¿Conoces las lámparas Tiffani?
―No, pero supongo que son de vitrales. O es una tienda de artesanías...
―¿Entonces les gusta la casa? ―Preguntó el señor Pérez, quizá los había escuchado cuchichear o quizá se desesperaba muy rápido.
―Está perfecta ―Comentó Mónica― Lo único que no entiendo es el precio.
―Bueno, es que...
―¿Nos quiere tomar el pelo o algo así? ―Preguntó Carlos, seriamente.
―No, señor. Por supuesto que no. Es sólo que me urge.
―Me va subir la renta después, ¿Cierto? ―Murmuró Mónica.
―No había pensado en eso. Pero, bueno... ¿La quieren o no?
―Mi hermana es quien se quedará aquí ella sola. Necesito saber que es seguro y que estará bien ―Espetó Carlos.
―Es un lugar muy seguro. Pueden preguntar sobre eso con cualquier vecino. Tenemos vigilancia las veinticuatro horas.
Hasta ese momento todo se encontraba bastante bien. Era cierto que no lucía como una zona donde abunda la delincuencia y esas cosas. Parecía la mejor de las opciones que había considerado antes. Pero a Mónica el precio aún le parecía algo sospechoso. Esa casa tenía todo, no necesitaba agregar algo más. Tenía incluso un calentador de agua, la cisterna, hasta televisión. Parecía demasiado bueno como para ser verdad. Este señor me va a salir con algo despuésestoy segura, se dijo.
―Pues me parece que me la quedaré.
―¿Estás completamente segura? ―Le preguntó Carlos― Aún estás a tiempo, puedes pensártelo mejor.
Aquello era mentira, las clases comenzaban en menos de una semana, la necesidad de un cuarto cercano a Ciudad Universitaria se estaba convirtiendo en una urgencia, ya no había tiempo para desperdiciar.
―Bueno, de todas las opciones que tenemos es la única que me queda más cerca. Y de momento es también la más barata. Dudo que encuentre algo así en lo que resta de la semana ¿No crees?
―Aún puedes quedarte en mi casa.
―¿Bromeas? Vives en Tecamac. Hago más de tres horas hasta aquí.
El transporte es muy bueno, pero el trafico que causa es una verdadera molestia. Sencillamente no es una buena opción vivir tan lejos, tendría que levantarse a las tres de la madrugada para salir a las cuatro y llegar a las siete. Es una locura, sobretodo si quiere estudiar medicina.
Su hermano la comprendió.
―Está bien ―Aceptó― ¿Dónde tengo que firmar?
Karina Soto © 2009

El muñeco. 1a parte. Cap 1.

Primera parte






Mónica había considerado múltiples posibilidades para hospedarse en el Distrito Federal, pero ninguna era tan buena como la que se encontraba leyendo. Mezclaba su café sin percatarse de que estaba ya frío por tantas cucharadas, y leía los avisos del periódico de esa mañana. Sus ojos casi se pegaban al papel, su cejas casi se tocaban y sus labios se despegaban lentamente dejando entrar un poco de aire hacia sus pulmones.
Lo que la mantenía sorprendida eran solamente nueve líneas en un cuadro de tres por diez centímetros.
Departamento en venta/renta amueblado.
2 hb 105 m²
$700

Vendedor: Juan Pérez. (55) 5652-7091
Bonito departamento de dos recamaras muy cerca de periférico, centros comerciales y escuelas. Se encuentra en un lugar muy tranquilo, cuenta con dos lugares de estacionamiento cubierto. Excelente oferta. No esperes más ¡Visítalo!
Y más abajo se encontraban descritas las características generales: tenía todos los servicios más un baño, un comedor, un cuarto de tv, un cuarto de lavado, un cuarto de servicio, una cocina integral, una cisterna y se encontraba amueblado. Mónica no podía creer que todo esto fuera únicamente por 700 pesos. Un departamento en el DF no salía así de barato y menos en un lugar bastante bien ubicado. Algo debía de tener de malo. Pero por el momento aquello parecía una perfecta oferta que valía la pena probar.
―Estás haciendo malteada de café ―Su hermano Carlos entraba a la cocina con su característica sonrisa socarrona, y al mirarla embobada con el periódico decidió molestarla.
―¿Eh? ―Contestó ella. Observó su mano derecha, aún revolvía su café que ya había perdido completamente su deliciosa espuma―. ¡Ah! ―Exclamó y dejó la pequeña cuchara a un lado de la taza.
―¿Qué te mantiene babeando? ¿La chica semidesnuda del día?
Tras una risa sarcástica ella se defendió:
―Ni que fuera tú. Estúpido.
―¿Entonces?
―¿Tlalpan queda cerca de la UNAM? ―Decidió no discutir más.
―Pues sí, mensa ―Pero él insistía.
―¿Qué tan lejos?
―Como diez o veinte minutos, o menos. Te vas en el metrobus y no sale caro.
―Encontré un departamento allí.
―¿En cuanto?
―Eso es lo malo.
―¿Cuánto? ―Repitió.
―$700
―¿$700,000? ―Preguntó alarmado.
―No $700. Nada más. Bueno, eso dice aquí ―Mónica se encogió de hombros.
―A ver, dame eso.
Su hermano Carlos tomó el periódico y lo leyó con tranquilidad. Era cierto, en realidad decía setecientos pesos, su hermana no mentía. La miró de reojo y continuó leyendo. Parecía realmente una excelente oferta: casa amueblada, con todos los servicios, en un lugar conveniente... Pero ¿Por qué tan poquito? Eso era raro, tendrían que visitar el lugar para convencerse.
―Bien, pues entonces tenemos que visitarlo ―Dijo Carlos.
―¿Quieres decir entonces que sí parece una buena oportunidad?
Carlos se encogió de hombros a manera de respuesta.
―Recuerda que voy a vivir ahí yo sola ―Comentó ella.
―Tendremos que descubrirlo, si quieres hablo al número y hago una cita para mañana. Te acompaño y decidimos después.
―Está bien, acepto.
Karina Soto © 2009

El muñeco.












Parecía una buena oferta aquél amueblado departamento... 

Hasta que Mónica lo encontró.









Mónica, una joven regiomontana, llega al Distrito Federal con el motivo de estudiar la carrera de Medicina, por tanto ella necesita un departamento donde alojarse. Encuentra una oferta que no puede negar: el departamento está amueblado y con todos los servicios, la renta es barata, aparte de que se encuentra muy cerca de su escuela; es sin duda el sueño de todo estudiante pero no está del todo desocupado. Mónica se percata de que, bastante bien escondida detrás de un gran librero, hay una puerta que guía a otra habitación más, allí se aloja un muñeco que lentamente cambia la vida de Mónica.



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